Historia
Historia del tema
La serie parece un invento de la pantalla, pero la costumbre de esperar la continuación es mucho más antigua. Primero los lectores esperaban la siguiente entrega de una novela, luego los oyentes se sentaban junto a la radio siempre a la misma hora, y solo después ese hábito pasó a la televisión. A continuación, tres hitos confirmados por las obras de referencia y un relato de lo que vino después.
El lector que esperaba la siguiente entrega de una novela y el espectador que espera un nuevo episodio hacen lo mismo: viven junto a los personajes, no se limitan a enterarse de su destino.
Crónica
- 1836–1837
La novela de Charles Dickens «Los papeles póstumos del Club Pickwick» se publica en entregas mensuales. Es uno de los primeros ejemplos más conocidos de novela por partes: cada entrega se lee, se cuenta y se comenta mientras se espera la siguiente.
- 1842–1843
La novela de Eugène Sue «Los misterios de París» se publica por entregas en un periódico parisino. Así es el folletín, el roman-feuilleton: un capítulo en cada número, un corte en el momento de máxima tensión y lectores que compran el periódico para saber cómo sigue.
- Años 1930
En Estados Unidos, los seriales radiofónicos diurnos suelen estar financiados por fabricantes de jabón y detergentes. De ahí viene la expresión «soap opera», que con el tiempo pasó a designar las largas historias familiares en las que una trama desemboca en otra; en español solemos hablar de culebrones.
Lo que vino después
Con la llegada de la televisión, las historias por capítulos ganaron imagen. Al principio mucho se trasladó directamente de la radio: las mismas sagas familiares, la misma franja de día para emitirlas, la misma esperanza de que el espectador volviera mañana. Poco a poco se asentaron dos maneras de contar. En una, cada episodio se cierra y se puede ver por separado; en la otra, la trama atraviesa toda la temporada y no se entiende sin los episodios anteriores.
Más tarde apareció la miniserie, una historia cuyo final se conoce de antemano. Se parece más a una gran novela: varios episodios, una sola trama completa y ninguna promesa de volver. Esta forma resultó especialmente cómoda para adaptar libros largos, porque permite no recortar la trama hasta la medida de una sola película.
En la era del streaming, la temporada se estrena cada vez más a menudo completa, y el ritmo habitual de «un episodio por semana» ha dejado de ser obligatorio. Es el espectador quien decide si alarga la historia durante un mes o la termina en un fin de semana. Los autores han tenido que repensar las pausas: si el siguiente episodio se puede poner enseguida, el cliffhanger funciona de otra manera que en tiempos del folletín.
Aun así, los viejos recursos siguen ahí. La pregunta abierta al final de una entrega, los personajes que regresan, la trama secundaria que de pronto pasa a primer plano: todo eso lo conocían bien tanto los autores de folletines como los guionistas de seriales radiofónicos.
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Fuentes
- Obras de referencia sobre historia de la literatura y del cine
- Glosarios de términos de guion televisivo y cinematográfico (en términos generales)
Los datos históricos proceden de obras de referencia sobre la historia de la literatura y del cine. Cada escuela interpreta los términos de la dramaturgia a su manera, así que los explicamos en términos generales y sin atarlos a producciones concretas.